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Psoriasis: una enfermedad más allá de la piel

La psoriasis es una enfermedad intercurrente de base inflamatoria, lo que quiere decir que no es ni aguda ni crónica, sino que evoluciona en exacerbaciones y remisiones. Su incidencia en España se sitúa alrededor del 2,3% y presenta diversas comorbilidades. Tal y como apunta el Dr. Olives, especialista en dermatología y experto en psoriasis, para desarrollar la enfermedad se requiere un componente de predisposición, habitualmente, genético y además factores desencadenantes.

La psoriasis puede manifestarse en cualquier momento, con independencia de la edad, aunque señala que se identifican dos picos pronunciados cuando suele debutar: uno alrededor de los 20 años y otro cerca de los 60 años.

Diagnóstico visual y sin pruebas complementarias

A la hora de diagnosticar la psoriasis, además de la evidencia que podemos observar a simple vista a través de manifestaciones cutáneas, también es importante evaluar las lesiones individuales. El doctor incide en la importancia de diferenciar lo que es el cuadro y lo que es la lesión individual, ya que es esta ultima la que permite realizar un diagnóstico más preciso en base a las manifestaciones que puedan observarse en la piel del paciente.

De forma habitual, el diagnóstico es visual y no requiere otras pruebas complementarias como: análisis de sangre, radiografías o ecografías. Lo que sí se hace, en casos dudosos, es una pequeña biopsia de piel para diferenciarla de otras posibles enfermedades cutáneas.

De todas formas, tal y como apunta el doctor, la psoriasis vulgar clásica no es una enfermedad con excesivos diagnósticos diferenciales, pero lo importante, además de diagnosticarla, es acertar en su clasificación y grado. Desde el inicio es conviene tenerla bien catalogada para diseñar una estrategia terapéutica individualizada en función de criterios como la extensión, edad, profesión, episodios de recurrencia. Esto también es necesario para poder aplicar una terapia conocida como rotatoria para intentar limitar los efectos secundarios del tratamiento para que no recaigan sobre un mismo órgano.

El Dr. Olives añade que es frecuente que en un paciente recién diagnosticado existan una serie de comorbilidades que se deben intentar corregir desde un principio, como por ejemplo: sedentarismo, insomnio, hipertensión, estrés y ciertas medicaciones. Esto es importante no solo para tratar la psoriasis, sino también para crear una situación óptima para el paciente y minimizar el riesgo de exacerbaciones.

Clasificación de la psoriasis: un aspecto clave para el tratamiento

El diagnóstico lo más exacto posible, es uno de los pasos más importantes, ya que de ello dependerá el tratamiento a seguir. Tal y como apunta el especialista en dermatología, el cuadro de psoriasis presenta varias manifestaciones, siendo la más frecuente la psoriasis vulgar o en placas. También hay otras manifestaciones de psoriasis que pueden aparecer en forma de gotas, aquellas que afectan al cuero cabelludo, a los pliegues, las uñas y las articulaciones.

La psoriasis vulgar puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero hay determinadas zonas en las que es más frecuente, conocidas como zonas de predilección, como: codos, rodillas, zona lumbar, cuero cabelludo, etc. La psoriasis de tipo gotas suele aparecer en forma de pequeñas gotitas del tamaño de una moneda de 10-20 céntimos y es muy habitual que se desarrolle tras una infección de garganta por estreptococos.

Una vez diagnosticada, ¿cómo se puede tratar?

Cuando hablamos de una enfermedad crónica e intercurrente se debe abandonar la palabra tratamiento y sustituirla por la palabra manejo porque, como es sabido, la psoriasis a fecha de hoy no se puede curar definitivamente, sino que el paciente debe aprender a convivir con ella y manejarla.

El especialista en dermatología indica que se trata posiblemente de la enfermedad dermatológica con más arsenal terapéutico a su disposición, Existe una amplia variedad de tratamientos tópicos con cremas, exfoliantes, cortisona o vitamina D para los casos leves y tratamientos orales para los casos más graves, aunque no siempre están indicados. Con independencia del tipo de tratamiento oral que se prescriba al paciente, todos requieren un riguroso control de laboratorio.

Además de los tratamientos orales y tópicos, existen otros que también contribuyen al manejo avanzado de la psoriasis.

La fototerapia lo que pretende imitar el clima del verano en invierno. Se ha demostrado que la radiación ultravioleta es beneficiosa para los pacientes con psoriasis, aunque deben utilizarse bajo estricto control médico por su potencial cancerígeno. Se utilizan como tratamiento los rayos ultravioleta B o los rayos ultravioleta A tras la previa sensibilización con unas sustancias conocidas como psoralenos (PUVA).

Los tratamientos biológicos son moléculas muy sofisticadas y eficaces que aparecido en las últimas décadas pero su muy elevado coste hace que tiendan a reservarse para casos graves o de difícil manejo con los tratamientos convencionales.

Algunos de estos tratamientos pueden utilizarse de forma combinada entre ellos y simultáneamente, pero no todos son compatibles entre ellos para el uso simultaneo. De ahí la importancia de planificar y prever la antes mencionada terapia rotatoria.

Como vemos, a pesar de que no existe un tratamiento curativo, sí se cuenta con un amplio abanico terapéutico y lo más importante es que los pacientes puedan tener acceso a esos tratamientos.

Fuente

Psoriasis: una enfermedad más allá de la piel (topdoctors.es)