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¿Qué causa realmente el acné?

El acné es una de las entidades dermatológicas más frecuentes en la consulta diaria. Aunque su incidencia máxima se da en la pubertad y en adultos jóvenes, existen formas menos habituales en otras franjas de edad, por lo que no es sorprendente ver acné grave de la espalda en hombres de más de 30 años y formas faciales en mujeres también en la tercera o cuarta década de la vida.

Predomina en las zonas del cuerpo más ricas en glándulas sebáceas, tales como la cara, el pecho, los hombros y la espalda.

A pesar de poder presentarse con lesiones pustulosas, no se trata de un proceso infeccioso dado que la presencia de bacterias es un epifenómeno secundario y no la causa directa de la enfermedad. Por esta razón nunca podemos considerar que se trate de una entidad contagiosa.

Causas que provocan el acné

El acné corresponde a una alteración multifactorial de los folículos pilo-sebáceos. Dichas unidades están constituidas por el folículo piloso (nacimiento del pelo o del vello) y la glándula excretora de sebo. Ambas estructuras comparten un único canal hacia la superficie por el que emergen las estructuras pilosas y se excreta el contenido de las glándulas productoras de sebo. La lesión elemental del acné consiste en el denominado “comedón” (vulgarmente conocido como “barrillo” o “espinilla”) y cualquier otro tipo de lesiones (pápulas inflamatorias, pústulas, quistes) no son más que una posibilidad evolutiva de dicha lesión elemental. Dicho comedón corresponde a un folículo pilo-sebáceo obstruido a nivel del poro de excreción, almacenando un material que es una mezcla de sebo, células epiteliales y microorganismos. Pueden presentarse como puntos grisáceos o negros pero también hay comedones “cerrados” de tonalidad blanquecina.
 

Esta obstrucción se produce por un doble mecanismo:

  1. Excesiva y anómala proliferación y queratinización de las células de su pared
  2. Exceso en la producción de sebo

A su vez, estas alteraciones están favorecidas por factores hormonales, fundamentalmente por un aumento de los niveles de testosterona o por respuesta exagerada de las células sebáceas al estímulo que dicha hormona ejerce sobre ellas. Por este motivo el acné es más frecuente en la adolescencia y en mujeres con desarreglos menstruales.
 

A estos factores pueden añadirse otras circunstancias favorecedoras tales como el uso de cosméticos excesivamente grasos que contribuyen a la oclusión o la influencia de determinados fármacos, tanto de aplicación local como sistémicos (corticoides, sales de litio, isoniazida, fenitoina, etc.). En dicho caso hablaríamos de “acné iatrogénico” (condicionado por medicamentos) como por ejemplo el “acné cortisónico”.
 

Finalmente cabe señalar un componente genético o hereditario por lo que no es raro ver pacientes con formas importantes de acné en los que uno o ambos progenitores padecieron el mismo proceso.
 

Evolución de la lesión elemental y formas clínica de acné

En determinados casos el comedón persiste como tal y los pacientes apenas presentan lesiones inflamatorias (acné comedoniano, acné de retención). Como hemos dicho, pueden predominar los comedones abiertos (“poros negros”) o cerrados (micro-quistes “blancos”), pero es frecuente que el contenido del comedón acabe condicionando la liberación de mediadores inflamatorios con lo que las lesiones se transforman en pápulas rojas (granos) (acné inflamatorio). Secundariamente las lesiones pueden colonizarse por bacterias (“corinebacterium o propionibacterium acnes”) con lo que las lesiones se muestran con pus en su vértice (acné pustuloso).
 

A menudo coexisten estos tres tipos de lesiones, lo que se conoce como acné polimorfo. Cuando la obstrucción, el almacenamiento de material y los cambios inflamatorios comprometen partes más profundas del folículo las lesiones serán mayores y más persistentes, formándose el acné nodular.
 

En determinados casos el acúmulo de material intra-folicular va aumentando progresivamente hasta constituir grandes colecciones de sebo y restos epiteliales (acné quístico). Aunque de forma poco frecuente, existen variedades muy graves de acné con centenares de lesiones grandes, inflamatorias, purulentas, quísticas y dolorosas (acné conglobata) o incluso lesiones ulceradas y necróticas con afectación del estado general (acné fulminans).
 

Mitos y creencias sin fundamento sobre el acné

De lo acabado de comentar se desprenden los principales factores favorecedores del acné. Sin embargo existen una serie de habladurías con nula o mínima base científica. Así, la supuesta relación del acné con la falta de higiene, el desequilibrio emocional, el estrés, la masturbación y otras situaciones o procederes a menudo citados, es totalmente infundada.
 

Mención a parte merece el debatido tema de la dieta. Puede haber cierta influencia, por ejemplo, parece que la población de jóvenes afroamericanos sufre más acné que sus ancestros, representados por la actual población que sigue residiendo en África. Sin embargo muchos dermatólogos consideran que el impacto de determinados alimentos sobre el curso de la enfermedad es, como mínimo, dudoso. Evidentemente siempre deberemos aconsejar una dieta equilibrada y sana, pero procederes tales como prohibir radicalmente determinados alimentos (chocolate, embutidos, etc.) son indefendibles. Si alguien se entretiene cruzando en internet las palabras “dieta” y “acné”, junto a unas pocas páginas serias, tropezará con un sinfín de consejos de alimentación que son un auténtico despropósito carente del más mínimo rigor.

Fuente

topdoctors.es